Magnus Larsson, Caetao Buleiro y Ahid Nalbaldiani componían el trío The Glossaurus.
Actuaron en el World Sit Music, festival de músicas del mundo de Alicante, en el verano de
2018. Como parte de su gira mediterránea, compusieron algunos temas inspirados en el mundo antiguo que acabaron formando un disco llamado "Mediterranean songs". Sin embargo, para abrir los conciertos utilizaron este tema mediante el cual los tres músicos iban apareciendo en escena en diferentes momentos.
En Lycurgus at the oracle Magnus Larsson empezaba con el sampler. Luego aparecía Ahid Nalbaldiani, con el tamborcillo, sonido que registraba Larsson en su portátil y dejaba sonar creando ambiente. Mientras Ahid se sentaba frente a su set de percusión, aparecía Caetao Buleiro con un bajo eléctrico en las manos conectado a dos amplificadores que partían el sonido en dos, uno limpio y otro sucio. El tema evolucionaba hasta la aparición del Moog de Larsson. Ahí ya estaba la melodía expuesta y el programa del título de la canción con el modo frigio desarrollado a través de las teclas del sintetizador. Ahid tocaba la percusión grabando ritmos y sumándolos uno tras otro. Mientras Larson y Ahid se afanaban en rellenar el espectro sónico, Caetao se divertía viendo a sus compañeros crear la atmósfera perfecta para una noche de verano en Alicante.
Tuve la oportunidad de charlar un rato con el fundador del trío, catalizador, director musical, prácticamente hermano mayor de los otros dos miembros (casi les doblaba la edad), el gran Magnus Larsson. No fue una entrevista, fue un reencuentro amistoso ya que, en los años 80 ya había tenido la oportunidad de entrevistarlo unas cuantas veces durante su etapa en Mister Nobody, la famosa banda londinense de electroclash. En esa conversación me citó como un referente importante para su trabajo musical. "¿Cómo? Eso es imposible", le espeté casi violentamente. "Sin tus entrevistas de aquella época yo jamás habría salido de Londres. Ahora mi música es distinta, luminosa, como esta tierra. Eso te lo debo a ti, que me propusiste hace más de treinta años hacer una gira por España". Era cierto, después de nuestra primera entrevista vinieron a actuar a España, a Barcelona. Luego se hicieron famosos en todo el mundo y ya no volvieron más que a principios de los noventa. "¡Así que lo del oráculo era un destino! ¿Eh, viejo?", le dije mientras abría una lata de cerveza y se la ofrecía. "Sí y yo soy Licurgo, que me he perdido por el camino y he acabado contigo tomándome una cerveza". Nos reímos los dos a mandíbula batiente mientras los asistentes al concierto nos miraban con cara de sospecha. Dos sexagenarios como nosotros que tuvieran tanta potencia pulmonar se habrían unido a nuestra conversación sin dudarlo.
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